martes, 14 de marzo de 2017

La sentencia de Más: Jaque a la constitución.

Evidentemente no puedo, ni sé, ni quiero hacer un análisis técnico sobre la sentencia que ha "sufrido" Artur Más y sus compinches, en relación al hecho de fomentar la votación, a todas luces anticonstitucional, del ya famoso 9-N. Tampoco estoy en condiciones de analizar cuestiones políticas, ya que desconozco los entresijos que pudiera haber relacionados con negociaciones ocultas para llegar a este resultado. En cualquier caso, sólo puedo hablar de algunas cuestiones ambientales que se me ocurren, sensaciones que traslucen de la decisión y consecuencias lógicas relativas a la misma. Dos años de inhabilitación por haberse saltado la norma que se supone fundamental del estado de derecho.

1. Ni una legislatura.
A partir de ahora cualquier político de medio pelo, o de pelo entero y sonrisa profident, como es el caso, ya sabe que vulnerar cualquier principio  constitucional supone de condena un par de añitos de inhabilitación. Es decir, que un político que vea que sus resultados electorales no han sido buenos, ya tiene una opción de reforzar su posición para las próximas con un buen ataque a la constitución y quizá en la próxima cita pueda conseguir un mejor resultado. Transgredir la constitución se puede llegar a convertir en una nueva arma electoral. 

2. La constitución, papel mojado.
Pongamos por caso, una sanción de tráfico. Las consecuencias de saltarse algunas normas de circulación tienen como consecuencia sanciones mucho más graves que saltarse la constitución. Por supuesto cualquier delito penal e incluso delitos administrativos, las tienen. Desde ahora, las normas que rigen la convivencia de todos son efectivamente simbólicas. Pero no es sólo la sentencia. Pongamos por caso el asunto de la soberanía nacional, que es el que subyace. Desde hace ya tiempo los políticos han ignorado continuamente el poder popular, han llevado al salón del congreso debates sobre cambios constitucionales y los han hecho de forma "express" sin consultar a su depositario. La constitución lleva siendo cuestión privada de políticos desde hace tiempo, ahora en realidad sólo pierde un poquito más de legitimidad.

3. A seguir el ejemplo.
Desde el golpe de Estado de 1981 en el que los ciudadanos salieron en masa a defender la constitución hasta ayer, han pasado 36 años más o menos en los que los ciudadanos han ido perdiendo desapego hacia la norma básica hasta el punto de que ha pasado de ser un cuerpo legal a proteger y por el que luchar, a ser un objeto a abatir y sobre el que ciscarse según una voluntad que incluso ya puede ser electoral, la decadencia es evidente. Ahora está en entredicho y más desde ayer, momento en el que parece que ya no existe quien la defienda, pues ni la propia justicia lo va a hacer. La constitución ha perdido fuerza y casi sentido. Eso sí, sólo entre los políticos.

4. El populismo.
Por estas razones y por algunas más, cualquier político que quiera saltarse principios básicos de la constitución puede hacerlo, si es una cuestión popular o manipulada de forma populista, incluso sacará rédito electoral. No sé qué se me ocurre, cuestiones sobre la seguridad, la patada en la puerta, la privacidad, los derechos humanos y sociales... Una norma que sea declarada inconstitucional, puede conllevar como mucho un par de años de inhabilitación y una multa que pagamos todos. ¿Quién va a evitar que se prodiguen este tipo de medidas entre los políticos más populistas? Unas alas al populismo que pueden volverse contra nosotros en el futuro, dado que este es el mayor peligro que se cierne sobre las democracias en el siglo XXI.

5. ¿Posible acuerdo?
Claro que existe la posibilidad de que, detrás de la sentencia, hubiera algún tipo de acuerdo político en relación a la postura de los nacionalistas, a fin de atemperarlos o para solucionar el supuesto problema catalán. Pero esos sería incluso peor, pues supondría la más completa rendición de los poderes públicos ante el poder político. ¿Puede estar la constitución tan al servicio de intereses políticos?


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En cualquier caso jaque a la constitución, no sabemos si jaque mate o no. Los políticos tienen toda la facultad para vulnerarla, abrir el melón es esto y no platearse cambiarla o modificarla seriamente. En fin, que sólo se me ocurre acabar, como decía el chiste, con un "Viva la constitución", pero que no viva tan lejos.

viernes, 10 de marzo de 2017

Señorías, señoríos, personas, personos y la tía Pascuala.

No quisiera insistir demasiado en este tema pues resulta tan evidente que se cae por su peso, se trata del uso integrador y no sexista de la lengua española. Algo que los políticos reclaman y utilizan con amplitud. En el mejor de los casos, con cierto abuso, desde el o la más humilde concejal o "concejala", hasta sus señorías y "señoríos", las congresistas y los "congresistos" de nuestra nación; en el peor caso, haciendo el más absoluto ridículo.

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La luz que nos guía.

Está bien que en algunos momentos del discurso pueda substituirse el género neutro por el masculino y el femenino, haciendo un guiño al uso no sexista del lenguaje, pero en sólo dos frases del encabezado de este artículo nos damos cuenta por un lado de lo ridículo que resulta el abuso y, por otro, que la práctica esconde una demagogia tremenda, pues el fin nunca puede justificar los medios y sobre todo no puede justificar la ignorancia.
La explicación gramatical al error y el supino desconocimiento de quien lo usa es que no sabe que existen tres géneros en el plural del castellano: el masculino, el femenino y el neutro. Por ejemplo, en diputados, el femenino es diputadas y el neutro diputados, que coincide en este caso con el masculino. En el lenguaje habitual, cuando nos referimos a mujeres y hombres en un conjunto, no utilizamos el masculino, sino que utilizamos el neutro, aunque en la mayoría de los casos coincide con la forma masculina acabada en -os, pero no siempre es así y aquí es donde se evidencia el ridículo y la más completa ignorancia de quien lo usa.
Veamos por ejemplo la palabra persona, cuyo masculino plural es personas, femenino plural, ídem y el neutro igualmente. En efecto, si quisiéramos hacer un uso no sexista de la lengua tal vez deberíamos hablar de personas y "personos". Igualmente ocurre en el caso de señorías, masculino, señorías, femenino y señorías, neutro. En ese caso para evitar el sexismo deberíamos hablar de señorías y "señoríos".
La lista de palabras en las que coincide femenino y neutro también es amplia: victimas, congresistas, socialistas..., pero sólo me referiré a algunos ejemplos utilizados en política, que es donde más opciones hay de reírnos. Se trata de palabras en las que coincide el neutro con el femenino y no con el masculino y por tanto suena mas evidente el ridículo de su utilización.
Más ligero es el error, pero no menor a mi juicio, cuando la forma masculina, femenina y neutra acaban en consonante, como en el caso de un juez o un concejal, recurriéndose habitualmente a feminizar la forma femenina como es el caso de las juezas y las concejalas, palabras que sencillamente a mi me suenan fatal, pero que puedo llegar a comprender que se utilicen. De nada parece haber servido el recurso que utilizábamos de pequeños para contestar a la pregunta "¿cuala?", no era otro que aludir a la siempre justiciera tía Pasquala, pues el masuclino, el femenino y el neutro son "cual" y nunca "cuala" y "cualo".
En cualquier caso queda claro que nos encontramos con unos políticos y políticas completamente analfabetos y lo que es peor los pobres ciudadanos nos lo creemos y vemos incluso justa esta utilización en vez de verla ridícula. No se trata de no erradicar comportamientos sexistas entre la población, sino de evitar hacer el ridículo con expresiones como jóvenes y "jóvenas", particulares y "particularas", ejemplares y "ejemplaras", porque en este caso, además no son ni sustantivos, sino que son adjetivos que se pueden sustantivizar y donde, de nuevo, se evidencia el error.
Por ello pediría a los señores políticos y políticas, que han de velar entre otras cosas por nuestra correcta forma de hablar, que dejen de hacer el ridículo, si no, tendremos que recurrir de vez en cuando a la tradicional superheroína de la corrección en el habla, nuestra venerada tía Pascuala.

martes, 28 de febrero de 2017

De sol y grana. La sutil frontera entre derechos políticos y civiles

Estamos en tiempos de muros y es que parece que en el trasfondo de muchas de las cosas que ocurren en nuestro mundo y que se han convertido en temas de actualidad, no hay otra motivación que los mecanismos psicológicos que llevan al atormentado ciudadano del siglo XXI a la necesidad de delimitar las cosas, de dejarlas claras de una forma vasta y evidente. No obstante, en esta ocasión no quiero hablar de cuestiones geográficas, sino de otras más sutiles. Aquellas ingrávidas y gentiles, como pompas de jabón, que dijera Machado y es que los poetas todavía tienen algunas cosas que enseñarnos, por lo visto.
Pero iré al meollo de la cuestión ya que el origen de esta reflexión ha venido dado por una noticia con la que me he levantado esta mañana y es la campaña que la plataforma Hazte Oír ha comenzado por toda España para ejercer un presunto derecho civil que en resumidas cuentas es educar a los hijos en un ambiente definido, en el que por ejemplo los niños sean niños por tener pene y las niñas, por tener vulva, niñas. Hasta ahí todo correcto. Otro ejemplo de la necesidad que está empezando a tener la sociedad de delimitar claramente la situación del ser humano, su estado y su ser, ante la explosión de ruptura de límites que se sugiere desde otros colectivos y que parece ir imponiéndose poco a poco.

Enlace noticia El Mundo.
Vaya por delante, que tampoco me parece mal la reivindicación, aunque sólo convenga aclararla, y es que quiero analizar estos mecanismos psicológicos desde una perspectiva mas amplia, ya que, pensando, me ha venido a la cabeza otro asunto, el de los nacionalismos y la necesidad actual de definir la identidad política de las naciones. La globalización nos ha llevado a sentirnos ciudadanos del mundo y las naciones poco a poco están borrando sus límites con lo que no extraño que surjan movimientos que pretenden dejar claro donde están las fronteras. Es el caso del muro, o de conceptos como el de esta España, que parece no tener clara su definición y límites.
Ante la postura del nacionalismo catalán en reivindicación de su particular esencia surge el posicionamiento de la ingrata nación opresora que pretende dejar claro que España es España, como los niños son niños y otra cosa son las aspiraciones de querer adquirir otro estado yendo incluso contra natura. Pero las comparación debe quedar ahí ya que entiendo que las diferencias son notables por más que sutiles. En efecto mientras que el derecho de los LGTB es un derecho civil, el de los independentistas catalanes lo es político.

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¿Es Cataluña, España?
Habría que analizar otro punto, como es el de derecho individual y derecho colectivo, aunque no lo abordaré aquí por no complicar la cosa y me quedaré en la diferencia entre civiles y políticos, si  bien no existe una clara diferencia entre ambos y tienden a complicarse notablemente pues es fácil equipararlos e incluso mezclarlos. Por ejemplo, el derecho político que tienen los americanos a cerrar sus fronteras, está en contra del derecho, más que civil, humano, de los inmigrantes a la vida a la comida o a la seguridad, pero volveré al meollo de mi reflexión. Lo haré a través de una pregunta. ¿Por qué esta sociedad me permite elegir mi género y no mi nacionalidad? Puedo elegir ser niño o niña, pero no puedo elegir ser catalán o español, exijo mi derecho a decidir. En este mundo del siglo XXI de explosión de derechos la lógica parece impecable, pero también queda clara una diferencia.
Los derechos civiles, la elección de género, la eutanasia, la no discriminación por el color de la piel, la capacidad económica, etc, etc, tienden a ser individuales. Afectan a un individuo y su puesta en práctica no lesiona el derecho individual de los demás. Es decir, si yo quiero ser mujer, no tiene porqué afectar a los derechos de los demás a ser hombres. El que genere alguna confusión en su ámbito no supone su proyección a categoría. Señores de Hazte Oir, que haya personas que en ejercicio de su libertad quieran cambiar de género no turba la paz social ni el ambiente y tampoco obliga a nadie a serlo. Es un ejercicio de libertad individual, que no vulnera otros derechos, aunque pueda supuestamente vulnerar la naturaleza.
La exaltación de los derechos civiles que ocurre en nuestro tiempo -una especie de explosión de libertades individuales- podría como mucho llevarnos al absurdo, pues yo, como ser humano, puedo considerar que soy de otra especie, que soy un toro, o de otro planeta, marciano, y quiero que se me reconozca. Pero la homosexualidad no es de otro planeta, es un planteamiento afectivo intrínseco a la historia del ser humano y, si alguien quiere llevarla a sus últimas consecuencias, debería poder hacerlo. Si a otros les puede hacer cuestionarse su propia identidad o la de sus hijos debería hacérselo mirar; pero ¿esto también es así en el caso de los nacionalismos? Veámoslo,
¿Vulnera el derecho de un catalán a serlo otro tipo de derechos?
Si acaso no lo entendemos, ¿deberíamos hacérnoslo mirar los que estamos en contra?
Pues la respuesta es muy sencilla ya que la exigencia del derecho a decidir de siete millones de catalanes, supone la limitación de la soberanía de cuarenta y siete millones. Es decir, que el derecho a decidir de los catalanes conculcaría derechos de todos los españoles a decidir sobre su territorio. Creo que la diferencia es notable y las comparaciones, odiosas, pero pondré mas objeciones a este planteamiento, pues aquí también podemos llegar al absurdo. ¿No vulnera en sociedades racistas el derecho de los negros a circular libremente, el de los blancos a ejercer su predominio tradicional? O lo que es lo mismo, ¿no vulneran la reivindicación de los negros otros derechos como los de los blancos? De nuevo se trata de un absurdo. Pues en este caso se deriva hacia otra categoría superior de derechos como son los humanos.

Nadie puede ser discriminado por su origen, su raza, su sexo, su lengua, etc etc y los blancos, aunque disfruten de un derecho histórico, discriminan a los negros en ese planteamiento, razón por la cual estas leyes son comúnmente abolidas. En cambio, en el caso de los independentistas catalanes con su derecho a decidir son los que pretenden discriminar a los emigrantes del resto de España, por ejemplo, por su origen o por su lengua. Es por eso que estoy radicalmente a favor de los derechos trans y completamente en contra del derecho a decidir. Tiene lógica, ¿no?
Pero para aliviar tensiones y enfrentamientos, considero que hay que recurrir siempre a los maestros poetas y así vuelvo al principio: Machado. Y cantado por un catalán. Al fin y al cabo ambos han volado alguna vez de "sol y grana..." y yo también amo los mundos sutiles.


viernes, 24 de febrero de 2017

¿Envidiosos o serviles?




Una de las cosas que más me ha llamado la atención desde siempre es la posibilidad de la existencia de un carácter humano aplicable a determinados colectivos. ¿Puede haber un sustrato de comportamiento y forma de ser similar de un colectivo como el de las mujeres, por ejemplo? ¿Son iguales todos los funcionarios en su relación con el trabajo? ¿La gente de derechas se comporta igual ante la situación de los problemas sociales o todos los pobres son unos vagos por definición?. En definitiva, ¿existe un patrón de comportamiento aplicable a amplios colectivos? He de manifestar mis dudas, máxime cuando el grupo se amplía tanto como en el hecho de mostrar un comportamiento propio de naciones y llegamos a preguntamos ¿Cómo somos los españoles? o ¿cómo son los búlgaros?, por no citar a los de siempre. Parece razonable pensar que no exista ese comportamiento homogéneo y es más una cuestión de entretenimiento y juego mental el reflexionar sobre ello. Pese a todo hoy me apetece jugar y quiero hacerlo analizando algunas noticias surgidas en el país sobre la base del supuesto mal más extendido entre los españoles: la envidia.

Para llevar a cabo el análisis grupal es conveniente empezar por mi propia visión y envidias, fluctuando entre el yo y el nosotros. No se me ocurre otra forma de poder hacerlo. Analizaré, por tanto, mis debilidades en el capítulo de la envidia, a ver si coinciden con las del resto, tal vez así encuentre algunas respuestas en aquello de las bondades o maldades de lo "español". Y qué mejor forma de enmarcarlo que en relación con el panorama informativo actual del país.
Y para hacerlo me iré en principio a Canarias, las "islas afortunadas", un lugar para envidiar, sin duda.
Resultado de imagen de envidiaAllí, ha trascendido hace poco una noticia que señala la existencia de una trama de corrupción de menores que ha llevado durante meses a la prostitución a jóvenes de la localidad que se veían envueltas en tramas de trata de blancas, participando con hombres adinerados en grandes orgías donde éstos gozaban de decenas de mujeres jóvenes. Salía a la luz que incluso una de las mayores fortunas de España -no diré el nombre ya que al parecer sólo estaría en calidad de gozador y nunca de delincuente o corruptor- era uno de los principales beneficiarios de estos actos.
Un hombre maduro, en plena ebullición de esa época de renovada vitalidad que es la pre y la post-jubilación, con más dinero del que podría plantearse gastar nunca él y sus descendientes, viviendo en el paraíso español de las Canarias, disfrutando de todos los lujos habidos y por haber. Pues este señor se ha venido dando al disfrute corporal con sólo el único freno de su vitalidad, que es todavía mucha, al parecer. Seguro que la mayor parte de los hombres envidiaríamos esa situación y dudo que hubiera alguno que no se cambiara por él. Envidia, sin duda, y es que eso es lo que tienen los ricos y los famosos con salud, que se les envidia.
Citaré más casos, en este caso por públicos nombrándolos. Don Kiko Rivera, quien cuenta entre sus más recientes logros que ya no se le llame por su nombre más habitual en el pasado "Paquirrín", quien sin oficio conocido, se ha dedicado toda su vida a vivir del cuento beneficiándose a todas aquellas hermosas mujeres que acudían gustosas a entregarse en sus brazos o disfrutando de fiestas a cascoporro y una vida disipada. Pero todos lo ponemos verde, envidia sin duda.
Y curiosamente no envidiamos el haber logrado un desarrollo intelectual o un nivel de valores humanos superior. Envidiamos la riqueza, la fama, el sexo... cosas así. Quizá sea esto lo más lamentable.


¿A quién no le gustaría disfrutar de una vida de lujo?

Claro que ante esta situación siempre nos queda el recurso a abrazarnos a grupos o personas que critican estos excesos de las élites y encontramos incluso partidos que viven de ello, es el caso de Podemos y de su líder Pablo Iglesias, quien alivia todas nuestras frustraciones y viene a hacer justicia social en contra de estos ricos y de los amigos de los ricos que son los partidos tradicionales, pero si analizamos a su coleta visible -perdón, cabeza- las cosas no son como parecen.
Don Pablo Iglesias ha alcanzado todas las características humanas a envidiar. Como maestro de la Uni, se le supone altura intelectual. Súmesele los altos ingresos, camuflados en forma de contención salarial, que sin duda van a otros lugares que también lo benefician; súmesele el poder, que tiene en su grupo político y aún en el parlamento; la sublimación de su ego, como adalid de los parias de la tierra, macho alfa o jefe de la manada y muchas otras características del triunfador. Por su fuera poco y ya que hemos hablado de mujeres, no hace que cepillarse a todas aquellas que se acercan por su actividad política a su esfera y disfrutas de sus allegadas, portavoces o compañeras, aunque en este caso de una en una, no como el depravado empresario del que hablábamos en principio. Y tiene labia. 
No cabe duda de que es algo envidiable, tanto que hasta a su compañero de toda la vida Errejón le daba algo de "pelusilla" últimamente y planteaba cortarle las alas, pero nada puede con Iglesias, el jefe de la tribu al que todos envidiamos de forma insana. Sin embargo, poca gente se dedica a criticar las actitudes de este señor, salvo la derecha malvada, e incluso se le sigue con pleitesía, como el mesías que es y que habrá de conducirnos a una especie de paraíso con no se cuantas vírgenes... ah no, esto es cosa de la envidia aplicada a la religión y de las promesas con poco fundamento. Me lío, la envidia me corroe, aunque en este caos emocional entro en una diferencia entre este último caso y los dos primeros. ¿No hay una especie de servilismo entre aquellos de sus seguidores que pueden encontrar criticable a los primeros y perdonable cualquier cosa que nos haga éste? Realmente descubro que el servilismo es un motor emocional más potente que la envidia y es este un rasgo que distingue más al español, incluso desde una perspectiva transversal, pues afecta a derechas e izquierdas.
En el caso de serviles de derechas, no es raro encontrar a tertulianos serviles que se ponen a defender a delincuentes convictos y confesos que empiezan a pasar por los juzgados, caso Noos, tarjetas black, corrupción generalizada... Existen periodistas que se ponen a defender a los "pobrecitos ricos", que se han dedicado a manos llenas a robar y que a su juicio están pagando la ira del pueblo que muestra así su envidia en toda su magnitud. La envidia, el mal de España, aunque por desgracia creo que el mal es otro, es el servilismo y tan extendido está que llega incluso a Cataluña, aquí la envidia es sólo la excusa.
España envidia la superioridad de los catalanes y se dedica a robarles. Ellos no son los envidiosos, sino los envidiados. Claro que en servilismo ganan por goleada y es posible encontrar a Artur Más aclamado por las masas nacionalistas cuando va a declarar ante el juez, una masa que incluso puede llegar a ver al clan Pujol como unas víctimas del estado en vez de unos delincuentes. Cada vez me decanto más por el mal del servilismo como el más propio de los españoles e incluyo en este caso a los catalanes, que Dios me perdone por decir esto. El servilismo es un mal bastante más extendido que la envidia.

A mí, que me perdone Dios por envidioso, ya que por servil no tengo que confesar ya que no soy y, además, ni tan siquiera es pecado. Sí, padre, yo envidio. Envidio la capacidad que tienen todos los nombrados de ser unos sinvergüenzas y que haya gente que los siga hasta la muerte, pero sobre todo envidio, que carezcan del más mínimo rastro de conciencia en sus almas, que les permita hacer esas cosas, mientras que a la mayoría de nosotros haya voces internas que nos digan que nada de eso está bien. Envidio con todas mis fuerzas la carencia de escrúpulos y de ética que es lo que nos lleva a considerar que esos comportamientos no están bien y poder dormir por las noches. No envidio ni su dinero, ni su inteligencia, ni su fama, ni el éxito con las mujeres, ni su salud, ni su simpatía, únicamente envidio que no tengan problemas de conciencia. A mi me gustaría no tenerlos, no pensar en que si me quedo algo que es mío está mal, no creer que mi inteligencia es inferior por poco práctica, creer que la fama vacía y sin contenido no está bien, etc, etc, pero hete aquí que encuentro un factor aliviante, una especie de virtud teologal que viene a contrapesar las pesadas cargas de mis pecados capitales, la autocrítica.
Los españoles, especialmente los no serviles, somos autocríticos. Incluso hemos llegado a hacer nuestra una interpretación de la historia en forma de leyenda negra que nos condena a jugar el papel de malos eternos. Dedicamos no pocos esfuerzos a buscar males nacionales y valoramos poco lo nuestro. Vayamos pues en positivo y descubramos uno de los "bienes" nacionales: la capacidad de autocrítica. Sin llegar tampoco a la autoflagelación y al exceso de los penitentes, que no hacemos que dar tumbos. Una dosis de autocrítica siempre es buena en el carácter hispánico, si es que esta cosa de los espíritus nacionales, existe de verdad. Pero bueno, ahora sólo hablaba por mí...     

lunes, 6 de febrero de 2017

La dictadura del pablotariado




Esta mañana de lunes me he levantado con dos noticias que eran tendencia en twitter a las nueve y veinte de la mañana, después, eso sí, del consabido #felizlunes y de descubrir que aquí también se ve la SuperBowl, que menos mal que no han sido superados por tonterías de política.
Las noticias a las que me refiero eran la manifestación de los independentistas catalanes arropando a su "Masías" -y no lo digo por las propiedades que pueda tener en Cataluña o en cualquier lugar del centro de Europa, sino por hacer el juego de palabras del apellido del sujeto con su calidad de enviado divino- y la aparición en un programa de radio de Íñigo Errejón para hablar de Podemos.



Y visto lo visto no he podido evitar pensar más o menos en dos aspectos interesantes: primero, hay que ver la cantidad de gente que no trabajamos un lunes por la mañana en España. Algunos, como es el caso de los manifestantes pro-Mas, incluso cobrando, lo que tiene más mérito. Segundo, destacar la importancia que tiene en todo sistema de organización social la existencia de contrapoderes. Y en este segundo aspecto la cosa da algo más de si y considero que merece reflexión. Es el momento de profundizar un poco más en la situación de Podemos, ya que lo otro, si no es importante para Europa y el Mundo, cómo lo va a ser para mí, no querrá nadie que sea más papista que el papa, supongo.


La división de poderes.
Paradójicamente, y para quien no lo sepa, la quintaesencia de la defensa de los valores demócratas era un aristócrata declarado, que no creía en la democracia. Tal vez por eso pudo analizar desde la frialdad la necesidad de la existencia de una serie de contrapoderes que evitaran que la democracia se terminara convirtiendo en una suerte de dictadura. Parecía Mostesquieu andar adivinando cosas que se pueden observar cualquier lunes del siglo XXI: la necesidad de la existencia en una sociedad sana de contrapoderes. Y aquí es donde entra la reflexión en torno a lo que sucede este mismo lunes, seis del dos, para más señas.
En Podemos llevan casi desde la irrupción del movimiento en escena planteándose la conveniencia o no de que su propio "mesias" tenga una especie de poder omnímodo dentro de la formación morada. El fenómeno no es nuevo, pues ya Echenique en 2014, antes de seguir a su líder en la actual situación, planteó la existencia de una especie de órgano colegiado que llevara las riendas del partido, algo parecido en espíritu a lo que ahora en 2017 defiende Errejón: que Iglesias no se haga con el poder absoluto en la formación, como él mismo defiende sin cortarse un pelo.
Recientemente hemos visto en otros lugares del mundo cómo el fenómeno empieza a ser de lo más habitual. Ocurre con Donald Trump, quien empezó a recibir las críticas e incluso el rechazo de su propio partido, lo cual no fue obstáculo para alzarse con el poder en EEUU. En la actualidad son los jueces, los países del mundo, la opinión pública y un largo etcétera quienes se presentan como el contrapoder necesario que pueda librarnos de la arbitrariedad que pretende el gobernante y es que, en efecto, ese es el peligro más importante de toda democracia, la arbitrariedad.
Nadie puede levantarse una mañana y empezar a gobernar como le de la gana, debe tener unos límites que impidan como ocurría en el caso de Stalin inventarse enemigos y después cargárselos, sólo por simple aburrimiento entremezclado con paranoia. Y eso parece que es lo que lleva a Errejón a enfrentarse a su líder, como hicieron los republicanos con Trump o los troskistas con Stalin.
Fuera de los partidos la cosa es similar. Las instituciones deben estar contrapuestas y, siguiendo con el caso de Trump, empieza a ser habitual que los jueces tumben sus decisiones. Los contrapoderes están ahí para eso. En el caso de Más la cosa es similar, han debido llegar los jueces para evitar que se dediquen los independentistas a hacer las cosas como se les antoje, pasando encima de quien haga falta. En Podemos ocurre algo parecido.
Tengo que decir que tanto Echenique en su día, como Errejón ahora están planteando algo similar. La existencia de contrapoderes dentro de un partido que sea límite y no instrumento de un líder omnímodo. Sólo estos complicados equilibrios pueden garantizar la existencia de una democracia saludable. Si no, podemos encontrar fenómenos como la dictadura del Proletariado o remedos de la misma como la que pudiera pasar por la mente de Pablo Iglesias, y esto es una hipótesis, pues nadie sabe como piensan los demás. Seguramente sólo los que están más cerca de uno. Este es el caso de Errejón o de Echenique quienes seguramente temen que entre las decisiones arbitrarias de su líder pueda estar la de acabar en el futuro con aquellos rivales cuyo apellido empiece por "E". Nunca se sabe cómo funcionan las cosas en el caso de las decisiones arbitrarias.
Después de esto recuerdo la primera conclusión: trabajar. Por qué andaré perdiendo el tiempo en estas tonterías. A ver si logro salir adelante, ya que los de arriba no me sacan. Claro que, si para ello hay que andar siguiéndolos como si fuesen mesías...   

lunes, 23 de enero de 2017

La profundidad del populismo

Recientemente tomaba posesión de su cargo el nuevo presidente de EEUU Donald Trump y su mensaje, como señalaban la mayoría de los diarios, no es otro que devolver el poder al pueblo. Para aquellos que ven en este tipo de expresiones una forma de populismo, tan similar a la pretendida en Europa misión de "empoderar" al pueblo, es un argumento a su favor y parece muy clara la similitud. No obstante no quiero empezar este artículo con prejuicios y supongo que cada uno tendrá una opinión al respecto, simplemente quiero analizar las intenciones que se ponen sobre la mesa en este nuevo mundo que se abre a nuestros ojos.
Surge, por tanto, una pregunta. ¿Lograrán los políticos que apuestan por empoderar al pueblo una fórmula institucional adecuada y un desarrollo adecuado a la noble intención de profundizar en la democracia o simplemente quedará en una promesa populista?
Insisto en que no quiero dar opinión, sino simplemente hacer observar las nuevas propuestas que hay sobre la mesa en el contexto internacional y seguiré con atención si realmente el pueblo americano acaba gobernando realmente y se produce una implementación de la calidad democrática.
Desde otra visión, puede ser en efecto una forma de acabar con las castas políticas habituales, la partitocracia, los lobbies y alguno de los otros males que aquejan al pobre mundo en el que nos encontramos. ¿Son los burócratas de Washington el auténtico problema de EEUU? y, sobre todo, ¿hay alternativa seria?.
El tiempo lo dirá y ambas preguntas se pueden extrapolar a cualquier país, por ejemplo España. ¿Devolverá alguien aquí el poder al pueblo? ¿Se lo extraerán a Madrit? Sin duda, preguntas del máximo interés.

ALTERNATIVA ECONÓMICA.
Pero no es la única cuestión que está sobre la mesa en la actualidad, pues la segunda es de tipo económico. ¿Dominará Wall Strett la economía o se impondrá un nuevo sistema más considerado con el ciudadano? Parece que el neoproteccionismo hace un atisbo de asomar frente al liberalismo global. Un capitalismo triunfante que ha sido puesto en duda por varios países y aquí hay que incluir al Reino Unido con su Brexit. De hecho, parece que la primera intención de Trump es hablar con Theresa Mey en un claro ejemplo de por donde pueden ir los tiros en materia económico. Desde luego, y aquí sí opino, el capitalismo global no parece el mejor modelo a seguir, ni es justo, pues deja fuera de inicio a no pocas personas del sistema, pero de nuevo analizo la alternativa y resulta curioso que ya plantea dejar apartado del mismo a los marginales, incluyendo cierto tufillo racista contra los hispanos, negros y mujeres. 

FRENTE A LOS PODERES INTERMEDIOS.
En cualquier caso los planteamientos novedosos de nuestro mundo van en esa línea. Primero "empoderar al pueblo" y segundo, organizar una economía que mejore su situación. ¿Será esto posible? Poco podemos predecir.
La historia, si es que pudiera hablar, no ha ofrecido ejemplos claros de que ninguna alternativa de dar el poder al pueblo haya superado a la democracia parlamentaria. Ya los fascismos y los comunismos se enfrentaron al parlamentarismo y los resultados fueron los que fueron. No sé hasta que punto Trump es antiparlamentario, pero sí que abomina de los poderes fácticos, CIA, think thanks, prensa, etc,etc.
Eso en el norte ya que en el sur y mas recientemente los populismos sudamericanos han creado una ilusión de empoderamiento que para algunos es ejemplar y para otros sencillamente un desastre. De nuevo, que cada uno opine.


De momento son experimentos, propuestas; habrá que ver como se implementan. Claro que del mismo modo habrá que estar vigilantes y aspirar a que aspectos de la democracia, como la oposición o la prensa, funcionen y no sean acallados.
Sin embargo, la cuestión es más profunda, ya que no interesa tanto saber si funciona una legislatura o si los gobernados viven mejor temporalmente. Lo verdaderamente importante es saber si nos acercamos a un nuevo orden mundial, con los dos aspectos anunciados como destacados: democracias más populares y economías más cerradas. En última instancia, un mundo de países más cerrados. Si no acaban de implementarse estas premisas, sí que sabremos con seguridad de que se trataba de populismo.
Desde otra perspectiva, un aumento del poder y una limitación de contrapoderes. El reforzamiento del poder. Poder fuerte, una suerte de empoderamiento y economías cerradas. ¿Es ese el futuro de las naciones?

jueves, 19 de enero de 2017

"Arte" del maltrato.

Tras la última noticia sobre la violencia de género habida en España con el abatimiento a tiros de un supuesto agresor en Sevilla y otros delitos recientes en el mismo sentido, me he puesto a pensar sobre el problema y a analizar la situación, lo que ha derivado en un extraño, pero creo que expresivo análisis. 
Considero que el tema que voy a abordar en este artículo es bastante polémico, pues guarda relación con una repugnante situación. Por esta razón vaya por delante mi más rotunda condena a cualquier atisbo de violencia contra la mujer y en general contra los débiles, que suelen ser quienes la sufren. Dicho esto quisiera abordar a través de algunas canciones cómo ha sido el del tratamiento de la violencia de género en el mundo del arte y en concreto dentro de la música.
Quizá nos sorprenda la retrospectiva, pero servirá para que aprendamos la lección y contribuyamos entre todos a acabar con el problema.
No hablamos de un fenómeno español, ni mucho menos, pues el tema de la violencia contra la mujer ha sido una constante en la historia de la música, pero es innegable que ha constituido un tema recurrente como inspiración y tratamiento de canciones en todos los lugares-
Se puede ver en muchas composiciones, pero por poner un ejemplo recordaré seguramente el más famoso, un tema como Hey Joe de Jimmy Hendrix, que contó la historia terrible de un hombre que acababa de matar a su mujer.
Este tema ha sido versioneado hasta la saciedad y en esta ocasión he elegido una de esas versiones, la de Willy Deville al respecto. Narra la tremenda situación de un hombre que ha asesinado a su esposa.


Y no es el único ejemplo pues otras canciones célebres que hablan en parecidos términos. Paso ya al español y a la canción número 2, con un hombre que, de nuevo, mata a su mujer y a un amigo. El preso número 9.


Y me quedo ya a España y en tiempos más recientes. Lo haré igualmente con algunas muestras de canciones que han sido grandes éxitos en la historia de la música pop en español. ¿Quién no ha cantado en alguna ocasión esta canción?


Si la analizamos, es tremenda y seguramente hoy sería impensable hacer algo así, pero las hay más profundas y sutiles. Me gustaría que se fijaran con intensidad en la letra de esta, que muchas veces no es interpretada correctamente.


Una de las estrofas, la que termina la canción viene a decir "Toma tus cuatro rosas y olvida otras cosas que te di".
Resulta curioso que ambas canciones corresponden a los 80 cuando todavía no era políticamente incorrecto escribir sobre este tema y cuando resultaba incluso recurrente.
Pero ¿qué pasa a finales de los 90?
Se observa que se produce una reacción y, si los hombres podían cantar a ciertos excesos amorosos, se empieza a tratar el tema desde otro punto de vista contra la violencia. Muy sutil.


Pero esta visión del problema empieza a ser recurrente y cada vez tratado de forma más explícita. Es este caso son las mujeres las que empiezan a tomar la voz cantante.



Claro que seguramente fue Bebe, quien más ha popularizado esta denuncia tan abierta de la situación en la que vivía la mujer.


Desde luego la selección es espectacular y todas las canciones -solo una muestra-, manifiestan una carga dramática que el tema del amor mal entendido tiene. Seguramente esa el la fuerza que las hace grandes obras maestras del pop español, pero parece clara una situación: el tema va en retroceso.
Hoy es impensable que canciones como las de los 80 tuvieran la más mínima posibilidad de convertirse en un éxito. Creo definitivamente que para bien, aunque su existencia deja de manifiesto la evolución de nuestra sociedad en los últimos 20 o 30 años.
Sólo espero que el tema acabe desterrado, como parece ser que está ocurriendo poco a poco por más que nos alarmen sucesos como el ocurrido hoy en Sevilla. Por ello me despediré con otro tema de esta última artista, que refleja el futuro, para el que quiero manifestarme optimista.